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«Diseño, del italiano -disegno-, viene de la palabra -designio-, que es un propósito del entendimiento aceptado por la voluntad. El buen diseño, tanto verbo como sustantivo, tiene el poder de afectar positivamente a las comunidades de manera silenciosa y permanente, influenciando sus impresiones y comportamientos. Para los arquitectos, este poder es una certeza inequívoca, es un patrimonio propio de la profesión que, a pesar de no poderse contabilizar, se profesa. Los espacios bien diseñados mejoran la calidad de vida de quienes los habitan: reducen la pobreza al garantizar el acceso a servicios públicos básicos, mejoran la convivencia al generar o formalizar espacios de encuentro, aportan a la inclusión ciudadana al mitigar los efectos de la urbanización informal….»